correspondiente ante las autoridades y estamos colaborando con la investigación.
Mariana observó a ambos en silencio.
Alejandro continuó:
—No puedo prometerte cuánto tardará el proceso ni cuál será el resultado. Pero ya no tendrás que enfrentarte a esto solo.
Su padre comenzó a llorar.
—Pensé que nadie me creería.
Alejandro se arrodilló junto a la cama.
—Debí haberte escuchado hace años.
—Éramos dos hombres orgullosos.
—Yo era tu hijo. Debí haber llamado.
El anciano le acarició la mejilla.
—Y yo debí haber insistido en hablar contigo.
Se abrazaron.
Mariana sintió