me envolví bien con el abrigo.
El aire me escocía en la nariz y mi aliento formaba nubes blancas.
—Feliz Navidad, mamá —dijo. Su voz sonaba más apagada de lo habitual.
—Feliz Navidad, Carter.
—¿Qué tal el chalet?
—Precioso —respondí con sinceridad—. Pasamos una velada maravillosa anoche. Los hijos de Cordelia son una compañía excelente.
—Me alegro. —Hizo una pausa—. Aquí ha sido una Navidad un tanto extraña —añadió al poco tiempo—. Yvette ha estado dándole vueltas al mensaje que envió, y a muchas otras cosas. —Volvió a hacer una