durante varios días. Una semana después, el doctor Harrison, el especialista que llevaba mi caso, me llamó para proponerme nuevas pruebas. Había estudiado los resultados más recientes y creía que una intervención podría, tal vez, mejorar mi visión. No me prometía nada, pero existía la posibilidad de que volviera a distinguir formas y, quizás más adelante, rostros.
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Tras colgar, permanecí mucho tiempo en silencio. Todo lo que había deseado desde el accidente parecía, de repente, estar al alcance de la mano. Cuando Claire entró en la habitación, comprendió que