El jefe mafioso más temido de Nueva York perdió la vista en un terrible accidente automovilístico. De repente, sus millones, sus guardias armados y sus poderosas influencias ya no pudieron hacer nada por él. Tenía todo lo que el dinero podía comprar y, sin embargo, ni siquiera era capaz de ir solo hasta mi propio cuarto de baño. Entonces, una joven camarera llamada Claire entró en mi mansión y me habló sin miedo ni compasión. No lo sabía aún, pero iba a enamorarme de una mujer cuyo rostro jamás había visto… y, justo cuando los médicos estaban a punto de devolverme la esperanza de recuperar la vista, ella se convertiría en la única persona a la que sería incapaz de encontrar.

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En los días que siguieron a la llegada de Claire, mi mansión cambió de una forma que jamás habría imaginado. No se trataba del mobiliario, ni de los jardines, ni de las obras de arte que ya no podía admirar. Era el silencio mismo. Antes de su llegada, cada estancia parecía asfixiarse bajo el peso de mi ira. Los empleados caminaban de puntillas, las puertas se cerraban sin hacer ruido y nadie se atrevía a pronunciar mi nombre sin temblar. Claire, en cambio, tarareaba suavemente mientras trabajaba. A veces,