Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

por sí solos quién había imitado la firma, pero llevaron a los abogados hasta el intermediario que recibió los archivos.

Los registros indicaban que parte de la documentación había salido de una cuenta utilizada por Álvaro. Otras comunicaciones procedían del correo personal de Begoña. Los formularios incorporaban balances antiguos y una supuesta acta de Albor Patrimonio sobre una reunión que jamás tuvo lugar.

Elena estaba en Valencia trabajando durante la fecha indicada. Sus billetes de tren, facturas y correos profesionales ayudaron a demostrar la inconsistencia. Además, como única socia de