no te da derecho a decidir por mí.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—Voy a ser padre…
Había asombro en su rostro.
Y emoción.
Durante un instante vi al hombre que había deseado tener a mi lado cuando descubrí el embarazo.
Pero no era aquel hombre quien había acudido conmigo a las primeras consultas.
No era él quien me había abrazado cuando sentía náuseas, miedo o incertidumbre.
Había estado sola.
—Podemos hablar de tus responsabilidades como padre —dije—. Pero nuestro matrimonio es otro asunto.
Jingshen abrió la boca.