en mi hermana, en el apartamento lleno de plantas que había elegido personalmente.
Pensé en las noches difíciles que seguramente me esperaban criando a un bebé.
Y en lo lejos que había llegado desde aquella tarde en que un vestido de maternidad cayó al suelo.
—Sí —respondí—. Estoy aprendiendo a serlo.
Jingshen sonrió con tristeza.
—Me alegro.
Cuando se marchó, no sentí el impulso de seguirlo.
Aquello me sorprendió.
Durante tres años había estado pendiente del sonido de sus pasos, esperando que regresara a mi habitación.
Ahora acababa de verlo