EL MULTIMILLONARIO QUE NUNCA HABLABA PERDIÓ A SU ESPOSA… Y CINCO AÑOS DESPUÉS DESCUBRIÓ POR QUÉ

hora entera.

Adrian me miró con ternura.

—Entonces te escucharé durante una hora.

Apoyé la frente contra la suya.

—Podemos intentarlo.

Sus manos temblaron ligeramente.

—¿De verdad?

—Sí. Pero despacio.

No me besó inmediatamente.

Esperó hasta que fui yo quien acortó la distancia.

Y aquel beso fue distinto a todos los que recordaba.

No había testigos.

No había condiciones.

No había una muchacha llorando al otro lado de la habitación.

Solo nosotros.

Seis meses después, durante una pequeña celebración con nuestros amigos en Islandia, Michael se acercó a Adrian con