vamos a arreglarlo.
Aquella noche dormimos en su casa.
Por primera vez desde la muerte de papá, sentí que alguien adulto estaba dispuesto a escucharnos sin insultos ni amenazas.
Al día siguiente, Margaret nos llevó con una abogada especializada en asuntos familiares y sucesorios.
Le mostramos la carta de mamá.
También explicamos lo que sabíamos sobre las 11 mil libras que había dejado para nosotros.
La abogada revisó los documentos.
—Primero debemos determinar cómo se encontraba depositado ese dinero y quién tenía autorización legal para administrarlo —explicó—. Si estaba destinado