bajo una administración adecuada.
Nuestra tía Margaret nos ayudó a organizar un presupuesto.
Yo pude continuar mis estudios.
Mi hermano siguió desarrollando su talento.
Y poco a poco comenzamos a sentir que nuestras vidas nos pertenecían otra vez.
Una noche encontramos la vieja máquina de coser de mamá en el cuarto de invitados.
Mi hermano la limpió cuidadosamente.
Después la colocó junto a una ventana.
—Quiero seguir utilizándola —dijo.
Me senté a su lado.
—Mamá estaría feliz de verla funcionando.
Él sonrió.
—¿Sabes qué fue lo más difícil de hacer