tu vestido?
—¿Qué?
—No fueron las costuras.
Lo miré sorprendido.
—¿Entonces?
Bajó la mirada.
—Tenía miedo de arruinar los jeans de mamá. Eran de las pocas cosas que nos quedaban de ella.
Sentí un nudo en la garganta.
—Pero no los arruinaste.
Le acaricié el cabello.
—Los convertiste en algo que siempre vamos a recordar.
Mi hermano sonrió.
—Eso quería.
Dos años después, mi hermano presentó su primera colección en una exposición juvenil de diseño.
Entre las prendas había vestidos, chaquetas y faldas confeccionadas con telas recuperadas.
Pero la pieza