A NUESTRA MADRE Y EN LA PRUEBA DE QUE TODAVÍA NOS TENÍAMOS EL UNO AL OTRO.
Aquella noche del baile, cuando el director detuvo la música, yo pensé que todos se reirían de nosotros.
En cambio, descubrimos que había personas dispuestas a ayudarnos.
Una profesora que escuchó.
Un director que actuó.
Una tía que nunca dejó de buscarnos.
Y un hermano de quince años que sacrificó catorce noches de sueño para regalarme algo que el dinero jamás habría podido comprar.
MI MADRASTRA NOS QUITÓ LA TRANQUILIDAD Y TRATÓ DE QUEDARSE