CON LOS AHORROS QUE MAMÁ HABÍA DEJADO PARA NUESTRO FUTURO. PERO NUNCA PUDO QUITARNOS LO MÁS IMPORTANTE: EL AMOR QUE MAMÁ NOS ENSEÑÓ A TENERNOS.
Todavía conservo aquel vestido.
No lo guardo porque sea perfecto.
Lo guardo porque cada costura me recuerda a un muchacho de quince años que, cuando vio llorar a su hermana, decidió hacer algo extraordinario con lo poco que teníamos.