espejo.
Se quedó mirando el vestido.
Después soltó una carcajada.
—¿Vas a salir vestida con pantalones viejos?
Mi hermano apareció detrás de mí.
—Es un vestido. Yo lo hice.
Ella lo examinó con desprecio.
—Pues se nota. Parece un proyecto escolar de reciclaje.
Sentí que mi hermano bajaba la mirada.
Me volví hacia ella.
—A mí me encanta.
—Vas a hacer el ridículo delante de todos —respondió.
Mi hermano apretó los puños.
—No tiene que ir si no quiere —le dije a mi madrastra—. Podemos pedirle a la mamá de