una amiga que nos lleve.
Su expresión cambió.
—Claro que voy. No permitiré que después digan que no me hago cargo de ustedes.
Tomó su bolso y salió.
Mi hermano me miró.
—¿De verdad te gusta?
Me agaché para quedar a su altura.
—Es el vestido más bonito que he tenido en mi vida.
Sonrió.
—Entonces vamos.
Cuando llegamos al salón de eventos de la escuela, sentí que todas las miradas se dirigían hacia mí.
Había chicas con vestidos de satén, lentejuelas y telas brillantes.
Por un instante me sentí