y qué datos existían sobre su padre biológico.
Esas respuestas no estaban todas en la carpeta de Julián.
Un domingo, Betty llamó a mi teléfono. Su voz sonaba distinta, cansada.
—Quiero pedirle perdón a Claire —me dijo.
Le respondí que podía escribirle una carta y que yo se la entregaría si Claire estaba de acuerdo. No le prometí una visita ni una reconciliación.
La carta llegó días después. Betty hablaba de su juventud, del miedo a quedarse sola y de la vergüenza que sintió ante su familia. Reconocía haber tratado