hacer —le dije—. Y tiempo para decidir qué hacer con las respuestas.
Esa noche Claire guardó los documentos en una carpeta nueva. Conservó la carta de Julián aunque algunas frases todavía le dolían. Dejó la carta de Betty aparte, sin responderla por el momento.
No cambió su nombre ni su manera de llamarme mamá. Tampoco fingió que nada había pasado. Aprendimos que conocer la verdad no borra de inmediato los años de silencio, y que el amor de una familia no vuelve correctas todas sus decisiones.
Antes de acostarse, Claire