Miré la llave oxidada en la mano de mi padre y sentí que todo lo que creía saber sobre mi familia empezaba a romperse.
Durante años pensé que mi padre era un hombre simple.
Un hombre que trabajaba con madera, que llegaba a casa con las manos llenas de cortes pequeños y olor a barniz.
Un hombre que nunca hablaba de sus problemas porque siempre decía:
—Mientras tengamos una casa y estemos juntos, tenemos todo lo necesario.
Pero aquella noche, parado frente a mí bajo la luz débil del jardín,