una frase capaz de convencerla.
Lucía recuperó la ecografía. Cuando el taxi llegó, se despidió y caminó hacia la salida sin mirar atrás.
Su madre e Irene la esperaban en el aeropuerto de Sevilla. Lucía trató de mantenerse serena, pero se derrumbó al abrazarlas. Lloró por el matrimonio perdido, por la muchacha que había perdonado demasiado y por la familia que había imaginado para su bebé.
Aquella noche su madre preparó una tortilla de patatas y escuchó toda la historia en silencio. Al final, le tomó las manos.
—Yo también