—Es maravilloso —susurró—. Podemos empezar de nuevo, los 3.
Lucía sintió la antigua tentación de creerle. Lo había amado desde la adolescencia. Una parte de ella todavía anhelaba la vida que había planeado.
Pero apartó esa esperanza de la realidad.
—Seremos padres, Álvaro. Eso no significa que debamos seguir casados.
—No quiero que nuestro hijo crezca sin mí.
—Entonces aprende a estar presente. Cumple tus responsabilidades y respeta a su madre. No necesitas ser mi marido para ser un buen padre.
Él bajó la cabeza. Por primera vez no encontró