no exigiera aceptar mentiras».
Guardó ambas tarjetas. Quería que su hija conociera la verdad cuando fuera suficientemente mayor, sin cargar con culpas ajenas.
Aquella noche, mientras Alba dormía, Lucía comprendió que había viajado para regalarle a su marido una noticia maravillosa y había regresado con algo que nunca esperaba encontrar: el valor de elegirse a sí misma.
Su matrimonio había terminado. Su historia, no.