perdonarme?
Lucía miró a su hija, que jugaba con el cuello de la camisa de su padre.
—Quizá algún día deje de doler. Pero no fue una sola noche, Álvaro. Fueron 8 años.
Él asintió. Esta vez no añadió excusas.
Cuando se quedaron solas, Lucía abrió la caja que había llevado a Barcelona. Sacó la tarjeta destinada al cumpleaños de Álvaro y escribió otra para Alba:
«Llegaste cuando tuve que empezar de nuevo. Nunca fuiste el motivo de mi separación; fuiste la razón para construir una vida donde el amor