cosa.
—¿Has estado?
Ryan se quitó la chaqueta.
—Alguna vez, con clientes.
—Entonces deberías saber si merece la pena.
Soltó una risa breve.
—Emily, ¿desde cuándo te importa tanto un restaurante?
—Desde que estoy cansada de ir siempre a los mismos.
Me miró fijamente.
Por un momento creí que iba a preguntarme si sabía algo.
En cambio, me acarició la mejilla.
—Como quieras, cariño. Reservaré donde tú prefieras.
No volvió a mencionar The Willow Room.
El hombre que conocí y el hombre que tenía delante
Durante aquella semana descubrí algo