de nuestra historia que Ryan había decidido entregar a alguien más.
Aquella noche, cuando regresó del trabajo, lo observé mientras dejaba las llaves sobre la mesa.
—¿Qué tal tu día? —preguntó.
—Bien.
—¿Y el tuyo?
—Agotador. Estamos cerrando un proyecto importante.
Se acercó y me besó la mejilla.
—¿Te apetece salir a cenar el viernes?
—¿Dónde?
—Podemos ir a nuestro italiano favorito.
Lo miré durante un instante.
—¿Y The Willow Room?
Su sonrisa desapareció apenas un segundo.
—¿Lo conoces?
—Lo he visto recomendado.
—Ah. Bueno, no creo que sea gran