y contemplé las muestras de invitaciones repartidas sobre la mesa.
En todas aparecían las mismas palabras:
Emily Carter y Ryan Bennett tienen el placer de invitarles a celebrar su matrimonio.
Las recogí una por una.
Después llamé a Sophie.
—Se terminó —le dije.
—¿Has hablado con él?
—Todavía no.
—Emily…
—Madison está embarazada.
Al otro lado de la línea se hizo un silencio absoluto.
—Dime dónde estás —respondió finalmente—. Voy para allá.
La decisión
Aquella tarde lloré por primera vez.
No fue un llanto elegante ni silencioso.
Lloré sentada en