la mirada.
—Lo que sea.
—¿Por qué la llamas «Cerdita»?
Ryan frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
—Durante siete años ese fue mi apodo. Después me dijiste que era demasiado infantil para una mujer que iba a casarse. Y ahora lo utilizas con Madison.
Lo vi tragar saliva.
—Emily, no significa nada.
Aquellas cuatro palabras me dolieron más de lo que esperaba.
—¿No significa nada?
—Es solo un apodo.
—Para ti, quizá.
Me incliné hacia delante.
—¿Recuerdas cuándo empezaste a llamarme así?
No respondió.
—Fue en nuestro primer viaje