la que le había regalado.
La original tenía una pequeña mancha azul en una oreja, producto de un defecto de fabricación.
Esta no.
Al fondo de la caja había una carta.
La abrí.
Ryan había escrito cuatro páginas.
Hablaba de nuestras vacaciones.
De la primera vez que cocinamos juntos.
De lo mucho que lamentaba haberme hecho daño.
Y de que, después de perderme, había empezado a comprender el significado de la fidelidad.
Al final había una frase subrayada:
«Encontré este cerdito porque me acordé de nosotros. Sé que no puedo