reparar lo que hice, pero quería devolverte algo de lo que te quité».
Leí aquellas palabras dos veces.
Después miré la figura.
Por primera vez, no sentí el impulso de llorar.
Comprendí que Ryan seguía sin entender del todo lo ocurrido.
No podía devolverme un apodo comprando un objeto nuevo.
No podía devolverme la confianza mediante una carta.
Y tampoco podía recuperar los siete años fingiendo que todo había sido un accidente.
Pero ya no necesitaba que lo entendiera.
Coloqué las entradas y el álbum dentro de un cajón.
La