EL DÍA QUE MI PROMETIDO LE DIO MI APODO A OTRA MUJER, EMPECÉ A PREPARAR UNA BODA A LA QUE NUNCA PENSABA ASISTIR

la figurita de cerámica que Ryan me había enviado.

La tomé entre las manos.

Era bonita, a su manera.

Pero no tenía ningún recuerdo asociado a ella, salvo el intento tardío de un hombre por reparar lo irreparable.

La coloqué en una caja de cosas para donar.

No lo hice con rabia.

Simplemente ya no quería conservarla.

Sophie me esperaba abajo.

Cuando entré en su coche, me preguntó:

—¿Todo bien?

Me abroché el cinturón.

—Todo bien.

—¿Segura?

Miré por la ventanilla.

La ciudad estaba llena de luces. Había gente caminando