mi familia.
Ella rompió a llorar.
Durante años había contenido aquel dolor.
Ahora ya no podía hacerlo.
Dante apoyó la frente contra la de ella.
—Yo también cometí un error.
Alina lo miró.
—Pensé que nunca me amaste.
Ella sonrió entre lágrimas.
—¿Cómo puedes pensar eso?
Él soltó una risa amarga.
—Porque nunca me lo dijiste.
Alina respondió con una
dulzura infinita.
—Creí que lo demostraba todos los días.
Los dos guardaron silencio.
Entonces comprendieron la verdad.
No había faltado amor.
Había faltado comunicación.
Semanas después, Dante reunió a toda