que se conocieron, no habló como empresario.
Ni como heredero.
Ni como multimillonario.
Solo como un hombre.
—Anoche escuché tu conversación.
Alina quedó inmóvil.
El color desapareció de su rostro.
—No era mi intención escuchar…
Ella cerró los ojos.
—Lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque nunca quise que supieras lo de los médicos.
Dante se acercó.
—¿Crees que quería divorciarme porque no podías tener hijos?
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Pensé que merecías una familia.
Él tomó sus manos.
—Alina…
Esperó a que ella levantara la vista.
—Tú eres