Entra. Hace frío.
Nos quedamos sentados en la mesa de mi cocina hasta casi las dos de la madrugada.
Lauren me lo contó todo. No solo el verano. Todo.
Me contó que Mark la había llamado al menos dos veces por semana desde el divorcio. Que siempre le preguntaba por mí. Adónde iba, con quién salía, en qué gastaba el dinero. Que le había dicho, una y otra vez, que yo había sido fría e ingrata durante años, que había “abandonado a la familia”, que él solo había querido hacerme