que quiero es su dinero. Después de la boda, todo será más fácil.
Sentí que me faltaba el aire. Carmen respondió con una risa corta y satisfecha:
“Te lo dije, hijo. Aguanta un poco más. Su herencia, la empresa de su padre… todo se quedará en la familia adecuada.”
Me tapé la boca para no llorar a gritos. Llevábamos cuatro años juntos. Había perdido a mi padre dos años antes y heredé un pequeño negocio familiar. Siempre pensé que Javier me quería por quien era, no por lo que tenía.