haces la fuerte porque estás sola.
Levanté la vista. Ricardo me observaba desde su silla, divertido. No lo escondía ni un poco. Quería verme arder.
Quise responderle. Quise enfrentarlo ahí mismo. Pero en ese momento salieron los meseros con el pastel y todos comenzaron a cantar. Era hermoso: tres pisos de betún blanco, frutos rojos, flores comestibles y un adorno dorado que decía “30 y fabulosa”. Mis amigas sacaron el celular, mis primos aplaudieron, mi mamá hasta se emocionó.
Y entonces Mateo se abrió paso entre los invitados.
Al principio