inocencia que siempre usaba antes de hacer algo cruel—. Estamos conviviendo.
Minutos después, Mateo se me acercó mientras yo hablaba con una prima.
—Tía, ¿por qué no tienes hijos? —preguntó de golpe.
Sentí un golpe seco en el pecho. No era una pregunta de niño. Era la voz de su padre saliendo por su boca.
—Porque no todas las personas quieren la misma vida, mi amor —le dije despacio—. Y todas las decisiones merecen respeto.
Mateo frunció el ceño.
—Mi papá dice que luego te vas a arrepentir… que te