«Tengo 78 años y mi hijo me dijo: “Si no me dejas toda tu fortuna, te meteré en una residencia de ancianos y me aseguraré de que nunca vuelvas a ver a tus nietos”. Pensé que solo intentaba asustarme. Pero a la mañana siguiente apareció en mi casa con dos desconocidos. Cuando descubrí por qué estaban allí, hice algo que dejó a mi hijo temblando de miedo kara…»

las dificultades que yo pasé —dije—. Pagué tus estudios. Te ayudé a comprar una casa. Cada vez que necesitabas dinero, te lo daba.

Mi voz comenzó a temblar.

—Pero ayer me miraste a los ojos y me amenazaste con quitarme a las únicas personas que todavía me quedan.

Daniel empezó a llorar.

—He cometido errores, papá. Tengo deudas. Pensé que si conseguía acceder a tu dinero podría solucionarlo todo.

—Entonces deberías haber pedido ayuda.

—Me habrías dicho que no.

—Tal vez. Pero te habría escuchado.

Se secó el rostro.

—Por