Estaba pálida y le temblaban las manos. Me dijo: “Señor George, si no me escucha ahora, quizá mañana ya sea demasiado tarde.”
Me contó que había escuchado a Lauren hablando con Brian, a quien ella siempre presentó como un primo lejano. Discutían porque yo todavía no había firmado el nuevo testamento. Y entonces Lauren dijo una frase que jamás olvidaré: “Cuando todo esté a mi nombre, George dejará de ser un problema.”
Recordé de golpe cómo en los últimos meses ella había insistido con el testamento, cómo se había encargado