todo tiene que ver contigo —añadió ella—. Pero Gabriel y yo no vamos a casarnos para castigarte. Vamos a casarnos porque nos amamos.
La boda se celebró en una hacienda restaurada cerca de Puebla.
Alejandro asistió.
No sabía si había ido para comprobar que era verdad o para despedirse definitivamente.
Mariana lucía un vestido color marfil con pequeños detalles bordados a mano.
Cuando apareció del brazo de su tío, Alejandro vio algo que le produjo un dolor imposible de describir.
Estaba sonriendo.
No era aquella sonrisa educada que mostraba durante