cuidarte cuando yo ya no pueda hacerlo”.
Mariana lloró.
Gabriel le secó las lágrimas con un pañuelo.
Alejandro sintió que algo se rompía dentro de él.
Recordó cuántas veces su esposa había llorado a escondidas mientras él dormía.
Cuántas noches habría esperado una palabra cariñosa.
Cuántos aniversarios había celebrado completamente sola.
Cuando terminó la ceremonia, Alejandro se acercó.
—Mariana, solo quería desearte felicidad.
Ella le sostuvo la mirada.
—Gracias, Alejandro.
—Espero que puedas olvidar todo lo que te hice.
—No voy a olvidarlo. Pero ya no necesito vivir pensando en