serias.
15.000 €.
La cifra exacta.
Clara llamó a Lucía.
—Ya sé para qué era tu dinero.
Lucía cerró los ojos.
—No me lo digas si vas a justificarlo.
—No voy a justificar nada. Papá tenía deudas de juego.
La frase no provocó rabia inmediata. Provocó algo peor: claridad.
Lucía comprendió que su supuesta emergencia médica nunca había existido. Sus padres habían usado el miedo de una hermana por la otra porque sabían que era la única palanca que podía funcionar.
—¿Mamá lo sabía?
—Todo indica que sí.
Esa respuesta