el nombre de Serra Sonora en una operación que pasaba por el despacho donde trabajaba.
—¿Tú eres la fundadora?
Lucía tardó en responder.
—Sí. Y no quiero que se lo cuentes.
—No lo haré.
—Si saben cuánto vale esto, vendrán.
Clara respiró hondo.
—Creo que ya están viniendo.
2 días después, sus padres aparecieron en casa de Clara, en Madrid. No preguntaron cómo estaba. Querían saber qué había descubierto Lucía, cuánto dinero tenía y si “seguía enfadada por aquella tontería”.
Clara puso su historial médico sobre la mesa.
—Nunca me