algunos ahorros. Querían “reconciliarse” antes de pedirle ayuda.
Lo que no sabían era que Lucía ya no era una editora autónoma sobreviviendo en un estudio.
5 años antes había creado una productora de audio bajo el nombre profesional Lucía Serra, usando el apellido de su abuela. Empezó con 2 clientes y un portátil; ahora tenía 30 empleados, producía audiolibros y pódcast para España y Latinoamérica y negociaba la entrada de un grupo audiovisual europeo.
La empresa valía más de 6 millones de euros.
Clara lo descubrió por casualidad al reconocer