En mi graduación, mientras todos brindaban por mi hermana, oí a mi padre reírse: «A ver si ahora encuentra algo que se le dé de verdad bien». Yo seguía con la toga puesta mientras la sala aplaudía. No lloré: salí y compré un billete de ida a Barcelona. Años después, mi hermana apareció con un historial médico: los 15.000 € jamás fueron para su operación.

23:08 salió por una puerta lateral del salón sin despedirse. Caminó sola por la Gran Vía con el birrete dentro de una bolsa y el diploma apretado contra el abrigo. En el móvil tenía 3 mensajes de Clara y ninguno de sus padres.

Esa madrugada tomó una decisión que nadie conocería.

Creó un correo con otro apellido, eliminó sus redes sociales, buscó trabajos de edición de audio, locución y producción digital, y empezó a enviar solicitudes a empresas de Barcelona, Bilbao y Valencia.

3 semanas después compró un billete