de tren solo de ida a Barcelona.
Sus padres pensaron que se había marchado porque no soportó la humillación.
Se equivocaban.
Lucía se marchó porque, por primera vez, había entendido que no necesitaba ganar una competición que su familia había diseñado para que ella perdiera.
Durante meses vivió en un estudio diminuto en Sants, durmió con un colchón en el suelo y convirtió un armario en cabina de grabación. Trabajó 12 horas al día editando pódcast, limpiando audios y narrando anuncios con un nombre profesional que nadie en su familia