en carpetas etiquetadas y llamadas dominicales puntuales a las ocho de la noche. Por eso resultaba imposible entender lo ocurrido: se había ido sin su bolso, sin su teléfono, sin sus medicamentos y sin la mayoría de su ropa. No dejó notas ni mensajes.
La policía tomó denuncias y realizó averiguaciones, pero no había indicios claros de un delito. Nopudimos costear un investigador privado, así que hice lo único que estaba a mi alcance: imprimí cientos de volantes con su fotografía y los pegué en supermercados, estaciones de autobús, cafeterías,