Cuatrocientos dólares no eran una cifra menor para mí. Representaban casi dos semanas de comida, la factura de la luz y un pequeño aporte para la matrícula del próximo semestre. Trabajaba como mesera en un restaurante cercano a la universidad, en un estado distinto al de mi familia, y cada centavo que sobraba lo enviaba a casa. Últimamente, ese sobrante era prácticamente todo lo que ganaba.
Una desaparición sin explicación
Cuatro meses antes, mi madre, Evelyn, había desaparecido sin dejar rastro. Era una mujer metódica, con agendas planificadas, recibos archivados