La cuenta impaga de 400 dólares que me llevó a encontrar a mi madre desaparecida

el anillo en el bolsillo y conduje al hospital más cercano. En recepción mostré el volante desgastado con la foto de mi madre. La recepcionista, tras dudar, buscó en el sistema y me habló de una mujer sin identificar, ingresada semanas antes en estado de confusión y luego trasladada al área neurológica. Había sufrido una convulsión el día anterior y ya tenía dos visitas en su habitación.

Con el corazón desbocado, subí al tercer piso. Al abrir la puerta de la habitación 318, encontré a la pareja del restaurante junto