Mis suegros se mudaron a mi casa y lo primero que hicieron fue vaciar mi refrigerador para alimentar a su hija

tarjeta doméstica.

—Sí.

—La cuenta está fuera del presupuesto.

Suspiró.

—Anna, son ochocientos yuanes.

—Lo sé.

—No vamos a arruinarnos.

—Ese no es el problema.

—Entonces ¿cuál?

—Que te dije que si querías carne, la compraras tú.

—La compré.

—Con dinero que puse yo.

—Es dinero de la familia.

Solté una pequeña risa.

—Perfecto.

—¿Qué?

—A partir del próximo mes aportaremos exactamente la misma cantidad.

Kevin frunció el ceño.

—¿Qué significa?

—Hasta ahora yo ponía casi todo y tú tres mil.

—Porque ganas más.

—Eso era una elección mía.

—Somos