Mis suegros se mudaron a mi casa y lo primero que hicieron fue vaciar mi refrigerador para alimentar a su hija

marido y mujer.

—Y acabas de recordarme que el dinero común es «de la familia».

Abrí la aplicación.

—Entonces haremos una cuenta realmente común.

—¿Cuánto?

—La mitad de los gastos fijos cada uno.

—Anna.

—Tú pagas la mitad de administración, servicios, estacionamiento, comida y productos domésticos.

—Eso serían…

Calculó.

Su rostro cambió.

—Casi ocho mil.

—Correcto.

—No puedo gastar ocho mil al mes en la casa.

—Yo llevo años gastando mucho más.

—Pero tú ganas…

—Más.

Asentí.

—Y por eso acepté aportar más cuando éramos dos personas.

Lo miré.

—Ahora