Mis suegros se mudaron a mi casa y lo primero que hicieron fue vaciar mi refrigerador para alimentar a su hija

somos cuatro adultos. Dos de ellos son tus padres. No veo por qué yo debo financiar casi todo mientras además regalan mis compras.

—¿Quieres cobrar alquiler a mis padres?

—No dije alquiler.

—Pero lo estás insinuando.

—No.

Pensé.

—Aunque gracias por la idea.

Kevin palideció.

—No hablas en serio.

—Todavía no.

Al día siguiente mi suegra descubrió el nuevo presupuesto.

No porque yo se lo dijera.

Kevin se lo contó.

Aquella noche me esperaba en la sala.

—¿Ahora quieres sacarle ocho mil al mes a mi hijo?

Dejé mis zapatos.